4. Fender
Henry Garcia - 25-03-2005 06:02:02 | Categoria: General
Penelope Glamour es la guitarrista en una banda under que se llama Samurai Porno (hacen una mezcla de rocabilly, funk y candombe, y le meten unos toques electrónicos remixados con una notebook i-Mac). Tocan por los bares de Pocitos que están pegados a la rambla. Penelope no esta pasando un buen momento (su novio la dejó esa misma noche por otra que toca el bajo en una banda de reggae). Penelope salió de Montevideo News muy alterada. En la disco bebió mas de la cuenta y justo antes de salir se encontró con una dealer en los sanitarios. Le compró una papeleta de trescientos pesos (u$ 10.-). La dealer tiene el pelo rojo, un brazo tatuado con un dragón alado que echa fuego por la boca. La pelirroja tatuada le advirtió que el contenido de la papeleta procedía de Bolivia y era la mejor calidad que se podía conseguir en Montevideo. Penelope quiere seguir la gira; quiere mas música, diversión y sexo, quiere olvidarse de ese idiota que la dejó; y no era el primer tipo que la dejaba así, tirada. La guitarrista se enamoraba de cualquier idiota, todo el tiempo. No necesitó mirar su reloj de plástico Cascio para darse cuenta que era muy tarde (o muy temprano). El cielo estaba celeste y no se veía ninguna estrella; solo se veían algunas nubes violetas y otras naranjas. Penelope tuvo dificultades para llegar hasta su moto, porque además del whisky cargaba una Fender Telecaster (USA, 1971) adentro de un estuche duro (a la guitarrista le costaba mantener el equilibrio cuando caminaba). Penelope puso en marcha su Suzuqui de ciento venticinco centímetros cúbicos de una patada y el motor explotó con su ruido característico. La moto, que estaba bastante abollada por algunas caídas ocurridas siempre en horas de la madrugada, partió hacia un disco pub cercano a la plaza independencia, en Ciudad Vieja.
En ese pub hay fiesta hasta las diez, pensó Penelope cuando cruzaba la ciudad. El viento en la cara la hacía lagrimear (ella nunca usaba casco). La Fender la llevaba colgada de la espalda y manejaba incómoda, pero ella estaba acostumbrada a trasladarse con su guitarra. Pensó en la papeleta que llevaba en el bolsillo de su jean. Pensó que esa noche tenía que ser una noche especial porque en una semana iba a cumplir ventitres años. Penelope tuvo una idea que primero la alteró y después la puso mucho ansiosa. No lo había hecho nunca antes, pero esa madrugada estaba segura que se iba a animar. Quería llegar a ese pub de otra manera. Ella era una power girl y se lo iba a demostrar a todos esos idiotas habitues de ese antro.
- Hoy elijo yo, pensó.
La guitarrista sonrió. Unas cuadras antes del bar, en una esquina oscura, vió una farmacia de turno y paró. Dejó la moto prendida y la Fender apoyada en la vereda. Tocó el timbre y un cuarentón medio dormido abrió la mirilla enrejada y le preguntó que necesitaba.
- Dos jeringas descartables.
Penelope Glamour partió motorizada hacia su destino bailable acelerando a fondo la Suzuqui y esquivando milagrosamente a una pareja que cruzaba la calle, por la mitad de la cuadra.
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