12. Rolex
Henry Garcia - 15-04-2005 05:01:46 | Categoria: General
Penelope Glamour pensó en pedirle al barman otro cuba libre pero se arrepintió. Le pidió una cucharita de té. El negro que agita la coctelera del Marquee se la dio sin preguntarle nada. La barra esta despoblada y la fiesta agoniza en ese antro bailable de Ciudad Vieja, en el casco histórico de Montevideo. El rubio del pelo platinado pasó otra vez por al lado de la guitarrista y volvió a rozarla intencionalmente (la mano del tipo esta vez rozó la cintura de la guitarrista).- que querés pendejo? le dijo Penelope y lo miro a los ojos.
- no te enojes linda... tenés fuego?
- no fumo, tengo ganas de divertirme.
El rubio la miró lascivamente y le mostro los dientes haciendo una mueca que intento ser una sonrisa.
- querés tomar algo? dijo el tipo mientras le miraba las tetas.
La DeeJay puso un vinilo de Santana; una versión de Black Magic Woman que le cambió la onda al bar.
- no quiero tomar nada, vos querés ir a pasear en mi moto?
el rubio platinado quedó descolocado.
- ahora?
- si, ahora... no te gustan los paseos de madrugada?
- prefiero el sexo de madrugada, replicó el tipo y se sentó al lado de Penelope.
- querés ir a pasear conmigo... si o no?
- y donde iríamos?
- primero vamos a la rambla a mirar el río, después vemos...
El rubio platinado se tomó unos segundos para estudiar detenidamente la fisonomía de la guitarrista. Penelope usa el pelo corto y negro azulado. Es chiquita, trigueña, tiene buen lomo y un look criolla-punk. Esta maquillada y tiene puesta una campera de jean, un pantalón negro gastado y bastante apretado, y una camisa blanca transparente que insinúa un corpiño negro. En el cuello tiene un pañuelo de seda rojo con listones blancos (usa un pin de Patty Smith en la solapa de la campera y en una oreja tenia cuatro o cinco aritos).
- Ok, vamos a pasear en moto.
- esperame un toque, que ya vuelvo.
Penelope fue hasta el baño, bajo la tapa del inodoro y se sentó. Se quitó el cordón de una de sus zapatillas Nike y se lo ató fuerte arriba del codo de su brazo izquierdo ayudándose con sus dientes. Sacó la papeleta de la cartera y puso la mitad de su contenido en la cuchara. Uso el agua que chorreaba por los azulejos desde el botón del inodoro para cargar la cucharita y uso un fósforo que estaba en el piso para mezclar. Rompió el pack de plástico de la jeringa descartable y la cargó. Penelope se sorprendió de su decisión; no sabía bien porque, pero estaba segura. Tardó menos de diez segundos en aplicarse el fix. Se desató el cordón y sintió un sudor frio en la nuca que la estremeció. Tiró la jeringa y la papeleta con el resto de la merca al tacho de los papeles y se miró en el espejo, se arreglo el pelo y salió del baño. Penelope se sintió como Travolta en Pulp Fiction y se dirigió a la barra con una onda super-power. En el Marquee se escucha el rock latino de Santana.
- Oye como va... mi ritmo...
Penelope Glamour esta eufórica. Cruzó el bar y llegó hasta la barra donde esta el rubio platinado.
- vamos? - el rubio asintió con la cabeza y ambos se dirigieron hacia la puerta.
La guitarrista de Samurai Porno sintió en el pecho los chorros de sangre que su corazón bombeaba con fuerza a ritmo acelerado (salió del bar concentrada en su taquicardia, olvidándose que su Fender Stratocaster estaba en el guardarropa del Marquee). El sol de la mañana de Montevideo sorprendió a la pareja trasnochada caminado por una calle empedrada, cerca de la Plaza Independencia. Penelope desencadenó la Suzuki de ciento cincuenta centímetros cúbicos y la puso en marcha de una sola patada. El rubio se subió atrás y se agarró de su cintura. Penelope dirigió la Suzuki hacia la rambla. A esa hora Montevideo esta desierta y por sus calles de suaves pendientes no circulan autos.
El Río de la Plata apareció brillante por detrás del mercado del puerto (vieron un ferry de Buquebus entrar a la dársena ayudado por un remolcador). En segundos los dockes que construyeron los ingleses y las viejas grúas móviles y giratorias quedaron atrás. La moto aceleró a fondo por la avenida que bordea la rambla violando todos los semáforos rojos.
En Montevideo, el horizonte del Río es amplio y curvo (el horizonte es algo así como la otra orilla del Río color dulce de leche La Martona, segun la metáfora cromática de Cortazar). Primero el Parque Rodó y luego Pocitos y sus playas, luego el Yatch Club y Punta Carretas quedaron en el espejo retrovisor la moto. Mientras piloteaba Penelope experimentó una extraña sensación de libertad. aceleró a fondo hasta que la Suzuqui no pudo andar mas rápido. El rubio platinado sentió miedo y se apretó contra el cuerpo de la joven guitarrista. Penelope en una maniobra brusca y arriesgada dejó de circular por el pavimento y se subió a la vereda. Ahora la moto circulaba por la rambla a mas de cien kilómetros por hora esquivando en zig zag los cestos basureros y las columnas de alumbrado.
- pará... por favor, gritó el rubio con desesperación y se apretó con mas fuerza contra la humanidad de Penelope, que se excitó con ese abrazo y volvió a la calzada esquivando por centímetros a un auto estacionado. Penelope soltó una de sus manos del manubrio y buscó la entrepierna del rubio. No solo notó que su pene no estaba duro: una tibia y abundante humedad le informó que su acompañante se había orinado encima.
- pará... te lo suplico - le dijo al oído entre sollozos.
Penelope disfrutaba su poder (ahora el rubio era suyo). Hubiera preferido llevar un pasajero más valiente y atrevido; un pasajero que se hubiera animado a desprenderle el cinturón, a explorarla y hasta a hacerle el amor arriba de su moto. Pero no; llevaba a bordo un cagón platinado.
- los tipos son todos unos cagones - pensó.
Metió un rebaje de quinta a cuarta velocidad y dobló una curva cerrada inclinando la moto casi hasta rozar su rodilla contra el pavimento. Salió de la curva acelerando y cantando una de sus canciones favoritas:
- I am he as you are he as you are me and we are all together / See how they run like pigs from a gun/see how they fly / I'm crying / Sitting on a cornflake / Waiting for the van to come / Corporation T-shirt, stupid bloody Tuesday / Man you've been a naughty boy / you let your face grow long / I am the eggman / they are the eggmen / I am the walrus / Goo goo g' joob...
A lo lejos, entre las nubes, vio el viejo hotel de Carrasco. La Suzuki brilla en la rambla de Carrasco y se proyecta velozmente en el espacio bordeando el Río de la Plata. Penelope y el rubio platinado viajan a mas de cien kilómetros por hora. La guitarrista disfruta sádicamente de su aterrorizado y sumiso pasajero. Penelope piensa en su ex-novio (la abandonó por una bajista de una banda de reagge) y acelera mas. Esa situación la excita de una manera extraña. Muchas sensaciones y pensamientos al mismo tiempo, muchos cubalibres, mucha locura. Siente el calor del cuerpo del rubio. La guitarrista no esta concentrada en el manejo de la moto (ni siquiera mira para adelante). Penelope mira un avión blanco que acaba de despegar del Aeropuerto Internacional de Carrasco. Un Boeing 737 con el logo de Aerolineas Argentinas provoca un estruendo que espanta las gaviotas de la playa y tapa el ruido del motor de la Suzuki. Penelope mira como el avión se aleja cortando el cielo transparente y levemente rosado del amanecer uruguayo. Escucha primero una bocina y luego una frenada demasiado cerca. Después un ruido fuerte, como de huesos rotos y no se acuerda nada más.
- un camión contratado por la Dirección de Medio Ambiente y Ecología del Muy Ilustre Municipio de Montevideo, destinado a la recolección de residuos en el área urbana, que venía circulando por la Rambla desde Carrasco hacia Pocitos, embistió a una moto en la que viajaban dos jóvenes que recibieron heridas de distinta consideración y que actualmente se encuentran internados en una sala de cuidados intensivos del Hospital de Clínicas (fragmento de la locución del periodista Washington Diaz , transmitida por la señal de la emisora Oriental FM 101.5 de la ciudad de Montevideo en el resumen de noticias de la hora ocho).
La sala de terapia intensiva esta en silencio y a media luz. Los pacientes que permanecen internados en ese sector del hospital están conectados a distintos aparatos que monitorean sus funciones vitales y son alimentados por sondas (algunos están conectados a respiradores que les bombean oxigeno). En el fondo de la sala una enfermera aburrida juega al tetris en su teléfono celular. Dos médicos vestidos con conjuntos de camisa y pantalón color verde agua conversan en voz baja al lado de la camilla donde reposa una joven que tiene la cabeza vendada (ambos usan zapatos blancos y el estetoscopio colgado del cuello). Uno de los médicos tiene un reloj pulsera Rolex de acero inoxidable, que marca las tres y veinte. La sala tiene instalado un poderoso equipo de aire acondicionado que mantiene la temperatura en 21 grados centígrados. Una ventana cuadrada con carpinterías de aluminio pintadas con esmalte sintético amarillo permite ver la noche estrellada y las siluetas negras de algunos edificios.
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